domingo, 31 de mayo de 2026

La huelga del STAUS no nació ayer: salarios, derechos y contexto político en la Universidad de Sonora (mayo de 2026)

 

La huelga no nació ayer: salarios, derechos y contexto político en la Universidad de Sonora

El Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Sonora (STAUS) se encuentra en una huelga constitucional respaldada por el contenido del artículo 123, fracción XVIII, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Las propuestas de solución presentadas hasta ahora han sido mínimas, bajo el argumento de que únicamente se dispone del presupuesto federal asignado por la Cámara de Diputados en octubre de 2025.

Lo anterior se corresponde con una práctica añeja que consiste en que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público propone incrementos salariales para el año siguiente con base en la inflación técnicamente estimada por dicha dependencia.

Sin embargo, con frecuencia esas proyecciones resultan insuficientes para anticipar fenómenos de gran impacto, incluidos acontecimientos geopolíticos y sanitarios de alcance internacional, como la guerra en Ucrania, la pandemia de Covid-19 o los conflictos actualmente presentes en distintas regiones del mundo.

Como consecuencia de esta falta de previsión, la inflación real suele ser superior a la proyectada. Esto ha tenido efectos acumulativos sobre el ingreso de los trabajadores universitarios. En los últimos diez años, el personal académico ha perdido aproximadamente el 10 % de su poder adquisitivo y, si se toma como referencia el año de 1990, la pérdida acumulada alcanza alrededor del 40 %.

Dicho en términos sencillos, si en 1990 un ingreso permitía adquirir bienes y servicios por un valor equivalente a 100 pesos, hoy ese mismo ingreso sólo conserva una capacidad de compra cercana a 60 pesos. De manera similar, si en 2015 un ingreso permitía adquirir bienes y servicios por un valor equivalente a mil pesos, actualmente sólo permite adquirir alrededor de 900 pesos.

Todo ello repercute en la calidad de vida de los trabajadores universitarios, pero también impacta en la economía local. El poder adquisitivo perdido se traduce en menor consumo de bienes y servicios, afectando a comercios, prestadores de servicios, restaurantes, librerías, papelerías y numerosos negocios que forman parte del entorno económico de la universidad.

En este sentido, la huelga del STAUS no constituye únicamente una demanda de recuperación salarial; también es una forma de protesta frente a una política que ha erosionado de manera sostenida el poder adquisitivo del personal académico.

Las propuestas provenientes de la autoridad universitaria han sido esencialmente tres, y se dispone de un análisis comparativo de ellas en la Delegación de Física del STAUS.

Dicha delegación ha dedicado un esfuerzo considerable al análisis detallado de la que en los últimos días se presenta como una nueva propuesta. Sin duda, esos detalles son importantes. De hecho, la experiencia demuestra que precisamente a través de cambios graduales, aparentemente menores, fueron modificándose, oscureciéndose o condicionándose derechos que estaban claramente establecidos en los primeros contratos colectivos de trabajo suscritos por el sindicato.

Por ello, resulta pertinente revisar con atención la evolución histórica de dichos contratos. En particular, llama la atención que el Contrato Colectivo de Trabajo de 1985, el primero firmado por el STAUS, ya no se encuentre disponible para consulta pública.

Ese documento debería constituir una referencia obligada para evaluar cuánto se ha avanzado y cuánto se ha retrocedido en materia de derechos laborales. Durante algún tiempo estuvo accesible, pero posteriormente fue retirado. Sería pertinente conocer las razones de esa decisión, pues los documentos fundacionales permiten comprender con claridad el origen y la evolución de muchos de los derechos que hoy se encuentran en discusión.

Sin embargo, además del análisis técnico de las propuestas, es necesario observar el contexto en el que se desarrolla el conflicto.

En estos momentos existe un médico, adulto mayor, que mantiene una huelga de hambre frente al Congreso del Estado. De acuerdo con el testimonio difundido por él mismo en medios digitales, durante el viernes 29 de mayo acudieron a verlo personas que se identificaron como paramédicos. Según su interpretación, dichas personas pretendían revisarlo y trasladarlo a un hospital, situación que él consideró un intento de justificar médicamente su retiro del lugar donde realiza la protesta.

Por otra parte, el próximo lunes estallará la huelga convocada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Aunque pudiera parecer un conflicto distante, dicha organización cuenta con representación en Hermosillo y sus dirigentes han difundido públicamente sus posicionamientos mediante videos y comunicados.

Estos hechos sugieren la conveniencia de analizar el escenario político más amplio en el que se desarrollan los conflictos laborales actuales. Desde esta perspectiva, puede interpretarse que existe un interés por aislar a la CNTE, organización que representa un desafío político de alcance nacional debido a su capacidad de movilización en distintos estados del país.

La situación de los sindicatos universitarios es diferente. A diferencia de la CNTE, los trabajadores académicos de las universidades públicas continúan sujetos a las limitaciones establecidas en el artículo 353-Ñ de la Ley Federal del Trabajo, disposición que restringe significativamente la posibilidad de construir formas de organización y coordinación de alcance nacional.

Por ello, además de examinar las propuestas concretas actualmente en discusión, resulta indispensable comprender el contexto político, económico y laboral en el que se desarrolla este conflicto, así como las correlaciones de fuerza que influyen en su negociación y eventual desenlace.

La huelga actual no surgió de manera repentina. Es el resultado de un proceso acumulativo de pérdida de poder adquisitivo, de transformaciones graduales en las condiciones laborales y de una política presupuestal que, durante décadas, ha privilegiado criterios macroeconómicos por encima de la recuperación salarial de quienes sostienen las funciones sustantivas de las universidades públicas. Comprender ese proceso resulta indispensable para entender no sólo el conflicto presente, sino también los desafíos que enfrentará la educación superior pública en los próximos años.

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