domingo, 20 de junio de 2010

¿Terrenos perdidos de la Universidad de Sonora?

El 6 de agosto de 1986, en una conferencia dictada por Gabriel García Márquez en Ixtapa, México, describió lo que sería el futuro de la humanidad si un lunes cualquiera estallaba una guerra nuclear. Era el aniversario número 41 de la bomba lanzada por el Gobierno de los Estados Unidos sobre Iroshima y vivíamos bajo la sombra de la guerra fría.

Al final del primer párrafo presentó un conjunto de frases inolvidables, escribió: "La Creación habrá terminado. En el caos final de la humedad y las noches eternas, el único vestigio de lo que fue la vida serán las cucarachas"

Me vino a la mente porque pasé por lo que fueron los terrenos presuntamente donados a la Universidad en lo que fue la rastreadora de satélites estadounidenses mientras estos trataban de llegar a la luna. Encontré que, hasta donde mi información alcanza, la Universidad de Sonora perdió, o va a perder, o cedió, o algo así, más de siete hectáreas de terrenos cerca de Empalme Sonora, donde estuvo la estación rastreadora de la NASA.

Me quedé pensando que de toda aquella acumulación de tecnología solamente va quedando el polvo del desierto y la buñiga de las vacas. Lo que había en esos terrenos era algo como esto


y lo que quedan son cosas como las siguientes:



La posibilidad de llevar a la práctica un polo de desarrollo tecnológico en esa zona se fue perdiendo en el inmediatismo, en la falta de ideas, en la obediencia con la Secretaría de Educación Pública y en el profundo interés por administrar una educación superior sin herir los intereses de los grupos privados mercaderes de la educación, que han venido expandiéndose desde el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz.

Especialmente a partir de noviembre de 1991, la administración de la Universidad de Sonora tiene dos características fundamentales: es muy cara y tiene una productividad que no se percibe cuando se trata de defender las propiedades universitarias.

En las universidades públicas está de moda la frase: "evaluación académica", pero deberíamos continuar con la frase: "evaluación administrativa", al margen de todos esos criterios oscuros de los ISO 9000 y anexas, que se parecen muchísimo a las empresas calificadoras de riesgos en el sistema financiero internacional. A esas que actúan con base en intereses políticos desnudos, al margen del supuesto propósito de medición técnica.

En una evaluación administrativa simple se vería cuánto cuestan y que ofrecen a cambio. Así de sencillo.

En el caso de la administración de la Universidad de Sonora tenemos un caso: el concepto de Abogado General y el de Consejo Jurídico tienen sus ojos vueltos hacia el interior de la Universidad, sin mirar los tiburones que se encuentran en el exterior. Ellos son algo así como los intérpretes oficiales de la ley 4 pero nada más.

La descripción de la historia de los discos que se encuentran en el Departamento de Física me llevó inicialmente a la intención inicial de escribir algunas explicaciones técnicas sobre la forma en que se rastreaban las naves espaciales y satélites en los tiempos en que se desarrollaron los viajes a la luna (década de los años 1960). Éstas me resultaban interesantes porque el 12 de abril de 2010 se cumplieron 50 años del acuerdo entre México y Estados Unidos para establecer una estación rastreadora en la vecindad de Empalme. Le llamaron la Estación Rastreadora Guaymas-Empalme.

Sin embargo, he tenido necesidad de modificar mi idea inicial porque al visitar los que fueron los terrenos de la estación rastreadora, presuntamente donados a la Universidad de Sonora, los encontré invadidos y en propiedad de un grupo de comuneros que han formado un supuesto ejido en la región este de la CIudad de Empalme.

Como ya escribí, la administración de la Universidad de Sonora es extremadamente cara, especialmente a partir de la implantación de la ley 4 en noviembre de 1991, pero la experiencia nos permite agregar que además de eso es ineficiente en la defensa de las propiedades de la Institución. Resulta que los terrenos parecen haberse perdido, como posiblemente viene ocurriendo con otras edificaciones universitarias sin que ningún profesor de la Universidad esté enterado.

La nómina de la Universidad de Sonora tiene una oficina para ser atendida por quien ocupe el cargo de Abogado General, y además, tiene algo que se llama Consejo Jurídico. Sin embargo, de allí no parece deducirse la obligación de defender las propiedades de la Institución, pues la búsqueda no permite encontrar eso en el Estatuto General. Entonces, la defensa de propiedades universitarias podría no ser responsabilidad de nadie. Obviamente quisiera equivocarme.

Es probable que el punto que estoy tocando ni siquiera se considere importante, pero de cualquier forma, se trataba de terrenos emblemáticos porque fueron muchos los escolares que alguna vez visitaron las instalaciones de la rastreadora y se impresionaron con el funcionamiento de la computadora que se encontraba disponible en ese lugar.



Más aún, como está estadísticamente demostrado, los viajes espaciales trajeron un crecimiento muy notable en el interés de los jóvenes por esas ciencias que llaman duras. Me refiero a la física y a las matemáticas.

Así que va el relato de los terrenos que ya parecen haberse perdido, con la promesa de dejar para después la intención original de describir por qué la rastreadora era importante y por qué es en la actualidad una reliquia innecesaria. Esto era




y esto es en la actualidad





Como ya relaté en una contribución previa a este blog, mi conocimiento de la existencia de esos terrenos como propiedad de la Universidad de Sonora se basa en una conversación personal con el Ingeniero Manuel Rivera Zamudio, quien en una ocasión me comentó sobre la existencia de unos discos que adornaban las instalaciones de la rastreadora de la NASA en Empalme. Como parte de la conversación resultó que estaban en propiedad de la Universidad porque los terrenos habían sido donados a ésta.

Fuera de eso, el único dato extra con el que puedo contar es el comentario personal de testigos que afirman haber visto un letrero en esos terrenos, que establecía que se trataba de una propiedad de la Universidad de Sonora. No he ido al registro público de la propiedad, ni nada semejante. Es algo que está fuera de mi oficio.

En la actualidad los terrenos son un polígono irregular de casi siete hectáreas, con aproximadamente 350 metros de largo por 200 de ancho, que como ya dije, se mencionaban como propiedad de la Universidad de Sonora en 1985. Estos están ahora invadidos por supuestos precaristas y por una empresa trasnacional que ha instalado allí unos invernaderos para generar semilla para tomate.












Colocados en los 27.58 grados de latitud norte por 110.42 grados de longitud oeste, a 800 metros de un poblado reciente de nombre "Ejido San Fernando" y a 1 300 metros del entronque de la carretera Guaymas-Obregón con la salida a Estación Ortiz, los antiguos terrenos de la estación rastreadora de la NASA pasan del olvido a la ocupación ilegal que, de acuerdo a la ley, les dará tarde o temprano el derecho a reclamar la propiedad.

Nada más para citar un ejemplo, el ocupante de este sitio afirma con plena convicción que ese terreno es suyo




y es el sitio donde antes estaba la siguiente instalación



Esta foto fue publicada por GODDARD NEWS, Vol. II, number 12, el 15 de junio de 1962. En ella se informaba que la empresa Bendix acababa de obtener un contrato por 10 millones de dólares para seguir construyendo instalaciones rastreadoras.

Los detalles de cómo nació todo eso que se llamaba Proyecto Mercurio, y algunos de los sentimientos locales contra la ubicación de esa rastreadora, los dejaremos para otra ocasión.

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