domingo, 31 de mayo de 2026

La huelga que pudo evitarse: salarios universitarios, presupuesto y una oportunidad perdida

 

 

La huelga que pudo evitarse: salarios universitarios, presupuesto y una oportunidad perdida

Al cierre de mayo de 2026, el proceso de huelga del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Sonora (STAUS) se ha empantanado en torno a pequeños movimientos de cifras aquí y allá. La realidad es que el tope salarial de 4 % permanece intacto.

Con ello, estamos dejando pasar la oportunidad de atender el problema de fondo: la pérdida sostenida del poder adquisitivo del personal académico mediante un acuerdo multianual que permita recuperar gradualmente los salarios reales.

En estas condiciones, entre septiembre y octubre de 2026 la Cámara de Diputados volverá a aprobar el aumento salarial que se aplicará en 2027. Lo hará, nuevamente, con base en la inflación estimada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Y si esa estimación vuelve a quedarse corta frente a la inflación real, la respuesta será la de siempre: ni modo.

El origen del problema

Por ser 2027 un año electoral, quizá el gobernador ya no afirme que la Universidad de Sonora no puede ser rehén de los sindicatos. Nosotros, por nuestra parte, volveremos a señalar que los universitarios somos víctimas de decisiones presupuestales injustas que se originan en la SHCP.

Esa dependencia continúa elaborando presupuestos bajo criterios heredados desde finales del siglo pasado: finanzas públicas "sanas", equilibrio macroeconómico, disciplina monetaria, altas tasas de interés, restricción del gasto, disciplina fiscal y preservación de la confianza de inversionistas y mercados financieros.

Es cierto que en años recientes se ha fortalecido la atención a sectores vulnerables de la población. Sin embargo, las universidades públicas han quedado relativamente relegadas. En paralelo, se han impulsado proyectos como las Universidades para el Bienestar Benito Juárez García y la Universidad Rosario Castellanos para ampliar la cobertura educativa.

Mientras tanto, el problema de fondo permanece sin atenderse: los presupuestos universitarios siguen calculándose con base en una inflación esperada que, al cierre de cada año, suele ser superada por la inflación real debido a factores imprevistos. Como consecuencia, el poder adquisitivo del personal universitario continúa deteriorándose.

Durante la última década, el personal académico ha perdido aproximadamente 10 % de su poder adquisitivo. Si se toma como referencia 1990, la pérdida acumulada ronda el 40 %.

Una afectación que rebasa a la universidad

Desde la Secretaría de Hacienda parece ignorarse que las grandes universidades también funcionan como motores económicos urbanos. La pérdida sostenida del poder adquisitivo no sólo afecta a los profesores de manera individual; modifica gradualmente la economía completa del entorno universitario al reducir la circulación local de recursos.

Se trata de una observación clásica de la economía regional: las universidades, las minas, las grandes fábricas y los complejos industriales actúan como anclas económicas. Cuando los ingresos reales de quienes trabajan en ellas aumentan o disminuyen durante largos periodos, la economía circundante termina reflejándolo.

La naturaleza gradual de este proceso dificulta que los comercios y servicios locales adviertan lo que está ocurriendo. Un personal académico sometido a un proceso sostenido de empobrecimiento enfrenta crecientes dificultades para adquirir vivienda, ampliarla o mantenerla. También reduce gastos en alimentación fuera del hogar, compra de libros, contratación de servicios, consumo cultural, mantenimiento de vehículos y otras actividades que dinamizan la economía regional.

Con la pérdida de ese 40 % de poder adquisitivo también han perdido las cafeterías, librerías, papelerías, restaurantes, servicios médicos privados, talleres y pequeños negocios familiares vinculados indirectamente con la actividad universitaria.

La sociedad debería comprender que no existen razones suficientes para respaldar una política permanente de restricción presupuestal hacia las universidades públicas.

La precarización dentro de las universidades

Por otra parte, bajo el argumento de la autonomía universitaria, con frecuencia se permite que las administraciones actúen sin atender adecuadamente la seguridad laboral del personal académico.

Se observa crecimiento administrativo, políticas de reducción de costos inspiradas en lógicas empresariales, presión constante para ampliar la matrícula y un debilitamiento progresivo del modelo tradicional de profesor-investigador de tiempo completo.

Han proliferado los interinatos, las contrataciones temporales y la dependencia de sistemas de estímulos evaluativos que, en los hechos, sustituyen una parte del salario real.

Al mismo tiempo, la indolencia administrativa mantiene durante años a una masa creciente de profesores de asignatura y técnicos académicos en condiciones de incertidumbre laboral, aun cuando resulta evidente que la materia de trabajo existe y que la institución dispone de recursos suficientes para cubrir esos salarios.

En gran medida, ahí se encuentra el origen de las huelgas académicas en la Universidad de Sonora.

Una instrucción política incumplida

Durante su conferencia matutina del 15 de mayo, la presidenta Claudia Sheinbaum respondió a una pregunta relacionada con la huelga en la Universidad de Sonora. Su respuesta implicó una instrucción política dirigida tanto al gobernador del estado como al subsecretario de Educación Superior de la SEP.

Más de quince días después, dicha instrucción no se había traducido en acciones concretas ni existían señales de supervisión efectiva. Todo apunta a que terminará convertida en una declaración más para salir del paso.

Para atender adecuadamente esa indicación presidencial habría sido conveniente instalar una mesa formal de negociación encargada no sólo de resolver el conflicto actual, sino también de prevenir los conflictos futuros.

La medida más eficiente habría consistido en integrar a esa mesa a los funcionarios señalados por la Presidenta, representantes sindicales debidamente acreditados y autoridades universitarias.

La oportunidad perdida

De esa manera habría sido posible diseñar un acuerdo multianual orientado a la recuperación gradual del poder adquisitivo real del personal académico, sustentado en un mecanismo de actualización salarial razonable y consensuado.

Asimismo, la autoridad universitaria está dejando pasar la oportunidad de resolver no sólo el conflicto presente, sino también aquellos que inevitablemente surgirán mientras continúe aplicándose la lógica de autorizar incrementos salariales basados en estimaciones inflacionarias que posteriormente resultan insuficientes.

El gobierno estatal, por su parte, también está desaprovechando la posibilidad de establecer, antes de 2027, un mecanismo de actualización salarial capaz de reducir estructuralmente una fuente recurrente de conflicto universitario.

De mantenerse las condiciones actuales, la política presupuestal seguirá reproduciendo tensiones que terminarán siendo enfrentadas una y otra vez tanto por las autoridades universitarias como por el propio gobierno estatal.

 

La huelga del STAUS no nació ayer: salarios, derechos y contexto político en la Universidad de Sonora (mayo de 2026)

 

La huelga no nació ayer: salarios, derechos y contexto político en la Universidad de Sonora

El Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Sonora (STAUS) se encuentra en una huelga constitucional respaldada por el contenido del artículo 123, fracción XVIII, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Las propuestas de solución presentadas hasta ahora han sido mínimas, bajo el argumento de que únicamente se dispone del presupuesto federal asignado por la Cámara de Diputados en octubre de 2025.

Lo anterior se corresponde con una práctica añeja que consiste en que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público propone incrementos salariales para el año siguiente con base en la inflación técnicamente estimada por dicha dependencia.

Sin embargo, con frecuencia esas proyecciones resultan insuficientes para anticipar fenómenos de gran impacto, incluidos acontecimientos geopolíticos y sanitarios de alcance internacional, como la guerra en Ucrania, la pandemia de Covid-19 o los conflictos actualmente presentes en distintas regiones del mundo.

Como consecuencia de esta falta de previsión, la inflación real suele ser superior a la proyectada. Esto ha tenido efectos acumulativos sobre el ingreso de los trabajadores universitarios. En los últimos diez años, el personal académico ha perdido aproximadamente el 10 % de su poder adquisitivo y, si se toma como referencia el año de 1990, la pérdida acumulada alcanza alrededor del 40 %.

Dicho en términos sencillos, si en 1990 un ingreso permitía adquirir bienes y servicios por un valor equivalente a 100 pesos, hoy ese mismo ingreso sólo conserva una capacidad de compra cercana a 60 pesos. De manera similar, si en 2015 un ingreso permitía adquirir bienes y servicios por un valor equivalente a mil pesos, actualmente sólo permite adquirir alrededor de 900 pesos.

Todo ello repercute en la calidad de vida de los trabajadores universitarios, pero también impacta en la economía local. El poder adquisitivo perdido se traduce en menor consumo de bienes y servicios, afectando a comercios, prestadores de servicios, restaurantes, librerías, papelerías y numerosos negocios que forman parte del entorno económico de la universidad.

En este sentido, la huelga del STAUS no constituye únicamente una demanda de recuperación salarial; también es una forma de protesta frente a una política que ha erosionado de manera sostenida el poder adquisitivo del personal académico.

Las propuestas provenientes de la autoridad universitaria han sido esencialmente tres, y se dispone de un análisis comparativo de ellas en la Delegación de Física del STAUS.

Dicha delegación ha dedicado un esfuerzo considerable al análisis detallado de la que en los últimos días se presenta como una nueva propuesta. Sin duda, esos detalles son importantes. De hecho, la experiencia demuestra que precisamente a través de cambios graduales, aparentemente menores, fueron modificándose, oscureciéndose o condicionándose derechos que estaban claramente establecidos en los primeros contratos colectivos de trabajo suscritos por el sindicato.

Por ello, resulta pertinente revisar con atención la evolución histórica de dichos contratos. En particular, llama la atención que el Contrato Colectivo de Trabajo de 1985, el primero firmado por el STAUS, ya no se encuentre disponible para consulta pública.

Ese documento debería constituir una referencia obligada para evaluar cuánto se ha avanzado y cuánto se ha retrocedido en materia de derechos laborales. Durante algún tiempo estuvo accesible, pero posteriormente fue retirado. Sería pertinente conocer las razones de esa decisión, pues los documentos fundacionales permiten comprender con claridad el origen y la evolución de muchos de los derechos que hoy se encuentran en discusión.

Sin embargo, además del análisis técnico de las propuestas, es necesario observar el contexto en el que se desarrolla el conflicto.

En estos momentos existe un médico, adulto mayor, que mantiene una huelga de hambre frente al Congreso del Estado. De acuerdo con el testimonio difundido por él mismo en medios digitales, durante el viernes 29 de mayo acudieron a verlo personas que se identificaron como paramédicos. Según su interpretación, dichas personas pretendían revisarlo y trasladarlo a un hospital, situación que él consideró un intento de justificar médicamente su retiro del lugar donde realiza la protesta.

Por otra parte, el próximo lunes estallará la huelga convocada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Aunque pudiera parecer un conflicto distante, dicha organización cuenta con representación en Hermosillo y sus dirigentes han difundido públicamente sus posicionamientos mediante videos y comunicados.

Estos hechos sugieren la conveniencia de analizar el escenario político más amplio en el que se desarrollan los conflictos laborales actuales. Desde esta perspectiva, puede interpretarse que existe un interés por aislar a la CNTE, organización que representa un desafío político de alcance nacional debido a su capacidad de movilización en distintos estados del país.

La situación de los sindicatos universitarios es diferente. A diferencia de la CNTE, los trabajadores académicos de las universidades públicas continúan sujetos a las limitaciones establecidas en el artículo 353-Ñ de la Ley Federal del Trabajo, disposición que restringe significativamente la posibilidad de construir formas de organización y coordinación de alcance nacional.

Por ello, además de examinar las propuestas concretas actualmente en discusión, resulta indispensable comprender el contexto político, económico y laboral en el que se desarrolla este conflicto, así como las correlaciones de fuerza que influyen en su negociación y eventual desenlace.

La huelga actual no surgió de manera repentina. Es el resultado de un proceso acumulativo de pérdida de poder adquisitivo, de transformaciones graduales en las condiciones laborales y de una política presupuestal que, durante décadas, ha privilegiado criterios macroeconómicos por encima de la recuperación salarial de quienes sostienen las funciones sustantivas de las universidades públicas. Comprender ese proceso resulta indispensable para entender no sólo el conflicto presente, sino también los desafíos que enfrentará la educación superior pública en los próximos años.